Apple Campus 2, la nueva sede de Apple y el último legado de Steve Jobs

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Ha tardado seis años en construirse, ocupa 2,8 millones de metros cuadrados y su precio asciende a 5.000 millones de dólares. Así es Apple Campus 2, la nueva sede del gigante tecnológico y el último proyecto de Steve Jobs antes de morir. Aunque el magnate fijó su inauguración para el año 2015, las exigencias del gigante tecnológico han retrasado su estreno dos años. Todo parece estar listo. Por eso, en primavera, 14.200 trabajadores se desplazarán hasta Cupertino, California para habitar una obra que marcará la Historia arquitectónica de Silicon Valley.

Fue uno de los últimos proyectos que firmó Steve Jobs antes de morir. Lo bautizó como Apple Campus 2 y quiso que se convirtiera en la máxima expresión del gigante tecnológico. Ocupa 2,8 millones de metros cuadrados, construirlo ha llevado seis años y su precio -por el que la empresa no espera reportar beneficios- asciende a 5.000 millones de dólares.

No se trata del iPhone 10. Tampoco del Macintosh con inteligencia artificial. Es la nueva sede de Apple, un espacio de oficinas que aspira a convertirse en un símbolo de esta compañía: “No están buscando maximizar la productividad de los trabajadores o del espacio”, explicaba a Reuters Louise Mozingo, profesora de la Universidad de California.

Aunque Jobs estimó que Apple Campus 2 estaría acabado para el año 2015, no será hasta la próxima primavera -dos años después de lo estimado- cuando un total 14.200 empleados se desplacen hasta Cupertino, California, ciudad en la que se iniciará un nuevo capítulo en la arquitectura de Sillicon Valley. “Apple se ha rendido a sí misma el tributo perfecto. Una sede futurista con extrema atención al detalle“, declaraba uno de los trabajadores: “Desde el cableado hasta la tubería más escondida. Todo en esta obra ha sido sometido al máximo escrutinio”.

El proyecto más polémico

Uno de los aspectos más polémicos fue la puerta de entrada. Apple la quería completamente lisa, sin un punto específico de entrada. ¿La razón? Si los ingenieros tienen que ajustar su paso a la entrada del edificio, entonces corren el riesgo de distraerse de su trabajo.

“Pasamos meses negándonos a construir una puerta así”, aseguraba un jefe de obra: “Suponía invertir mucho tiempo y dinero en una cosa que no sabíamos si iba a funcionar. Nunca antes se había llevado a cabo”. Finalmente, lo consiguieron.

Lo mismo ocurrió con la señalización del Campus. En concreto, con señales como salida de emergencia o ubicación de extintores. Para establecerlas, fueron necesarias 15 reuniones. Mientras Apple apostaba por señales elegantes y sofisticadas, estéticas y minimalistas, los departamentos de emergencias recalcaban la necesidad de que éstas fuesen legibles y visibles.

La puerta de entrada de una sala de reuniones también fue fruto de debate entre la constructora Holder Construction y Rudolph & Sletten -en 2015, ésta se hizo con el mando del proyecto después de que Skanska USA y DPR Construcciones renunciara-. Pasó un año y medio y varios modelos derribados “por imperfecciones invisibles” hasta que, por fin, se pusieron de acuerdo. ¿Uno de los principales motivos de tamaña dificultad? La única huella sobre la puerta debía ser la de Steve Jobs. “Los trabajadores llevaban guantes. Para ellos, era como un cuadro. Una reliquia que no quieres tocar”, comentaba Brett Davis, encargado de esta polémica puerta.

La guinda del pastel en cuanto a construcción y arquitectura se refiere llegó con el edificio principal de Apple Campus 2 . Con forma circular -a vista de dron parece una mezcla entre una plaza de toros y una nave espacial-, este se jacta de de ser la pieza curva más grande fabricada con cristal. Estará rodeada de cientos de miles de árboles, para, según ellos, paliar la huella que dejará en esa zona el ser humano.

Todo recuerda a un iPhone….

El arquitecto Germán De La Torre, que también colaboró con el proyecto, recordaba a Reuters cómo, nada más echarle un vistazo al plano, observó que muchas de las medidas de la sede estaban inspiradas en los aparatos de Apple. Desde las esquinas redondeadas hasta el botón de de los ascensores -imitación del botón de inicio del iPhone 6- pasando por la forma y textura de los váteres. Según los trabajadores, todo recordaba a los dispositivos más deseados del planeta.

“En realidad, no intentan imitar el iPhone”, asevera De La Torre. “Es algo mucho más elevado. Durante muchos años, Apple ha trabajado y experimentado hasta poder establecer unos principios de diseño. En la construcción de este Campus, se han mantenido fieles a estas premisas”, sentencia.

Una atención al detalle que roza el fanatismo es uno de los dogmas clave del gigante tecnológico. “Todo importa en Apple. Hasta las cosas que no se ven”, comentaba un trabajador, a la vez que recordaba una de las primeras órdenes que recibió el equipo: “El techo [compuesto por grandes bloques de hormigón pulido] debe estar inmaculado por dentro y por fuera. Tal y como lo está el audio jack de iPhone”.

…. pero esto no es un iPhone

Que las ventanas o las cañerías no se reflejasen en los cristales, una guía de más de 30 páginas para un uso especial de la madera, la distancia entre los distintos materiales no puede variar ni un milímetro de lo establecido, de lo contrario, habrá que empezar de nuevo…. Algunas de las miles de reglas que impusieron desde Apple. “Los directores de la compañía insistieron mucho en la necesidad de tratar la obra del mismo modo que ellos diseñan un dispositivo de bolsillo”, espetaba un albañil a Reuters.

Por eso, a lo largo de los seis años, ha habido muchas veces en las que las expectativas de diseño de Steve Jobs se topaban de bruces con la realidad. “Con los teléfonos, se puede disminuir al máximo la tolerancia de fabricación [margen admitido para las imperfecciones en la manufactura de un componente]”, señalaba uno de los arquitectos de Apple Campus 2: “Sin embargo, es imposible aplicar esos niveles de tolerancia a un edificio”, añadía. Así, si el estándar de tolerancia de fabricación es pulgada, el gigante tecnológico exigía bastante menos, incluso en las superficies escondidas.

Un total de 13.000 personas han trabajado a tiempo completo en Apple Campus 2. Durante seis años. Porque es Apple, porque es el último deseo de Steve Jobs y porque, pese a su esfuerzo por rodear el edificio central de árboles, los ecologistas se quejan de que es una excepción entre las empresas que de verdad apuestan por la reforestación de los bosques, esta sede es, quizás, lo más esperado del gigante tecnológico para este 2017. Si toda va bien, llegará en primavera y, de nuevo, marcará un antes y un después en la Historia de Sillicon Valley.

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